Cuida de ti, pequeño niño brillante. Cuando camines por
las calles, cuando saltes los charcos grandes y cuando tengas miedo del silencio en las
noches frías.
Recuerda que el silencio es como aquella
mariposa que viste volar durante el verano y te enseñó a entender la vida… callaste tú y callaron aquellos los pasos de tus pies descalzos.
El silencio está construido de nubes, tardes de
sol y noches repletas de estrellas. En el silencio se han dado los besos más
largos y se han formado un millón de abrazos anónimos que no desean separarse.
Cuida de ti, pequeño niño lleno de brillo.
Cuando cruces la avenida, cuando te persigan los perros y cuando la sombra de
los edificios parezcan tan grandes como monstruos que pueden aplastarte.
Las sombras son sólo un efecto de la luz y los
monstruos viven adentro del bosque de tus tripas, por eso debes alimentarte sólo de aquello que te hace feliz.
Aprende a ser bueno contigo mismo, niñito. Es
muy difícil porque nadie te enseña a serlo, pero debes aprender en algún
momento, que siempre contarás contigo mismo.
Acaricia tus manos, escribe una carta para el
futuro, celebra cuando se ponga el sol y aprende a guardar la calma cuando las
tormentas estallen bajo tu ventana.
La lluvia es solo lluvia, como tus ojos son
sólo tus ojos: poderosos y enormes; aunque inofensivos, misteriosos y oscuros; pero anuncian la esperanza.
Aprende a cuidar de ti, pequeño niño hecho de
soles. Cuando te hable un extraño, cuando alguien te diga que es imposible creer,
cuando te sientas perdido o muy solo.
El ruido de los coches, las luces de los
rascacielos más grandes, el aleteo de las mariposas, las estrellas de la noche, siempre te llevarán de vuelta a casa.
Cuida de ti, pequeño niño.
27.09.16