viernes, 14 de julio de 2017

¿Cómo se dice cuando no ves bien porque te pega el sol en la cara?

He caído en el sueño en que caen solo aquellos que ponen sus ojos en la parte más brillante del sol. 
He creído en lo imposible porque a veces es más fuerte la oportunidad de la magia que la razón. 
Tú no existes, o quizá lo haces porque respiras, pero no en mi planeta;
tu planeta tiene árboles dorados mientras que el mío se empapa en jugos color naranja. 
He creído verte en una hoja de papel, en un espejo roto,
he creído escucharte en mi propia risa y hasta en el silencio de la noche. 
Yo soy un niño obstinado que no se ha querido ir a dormir. Que no sabe que le han crecido las barbas. 
Tú eres la luna de un cuento para dormir, porque brillas entre las cortinas y brillas entre las canciones...
                    allá, en tu planeta.





lunes, 20 de marzo de 2017

Tierra de luz

La inocencia estaba en el sol, en los cuerpos que una mañana amanecieron alargados sin notarlo. En las playeras de algodón sudadas, en sus rostros húmedos y en el verano infinito que no acepta treguas. 
La inocencia era de aquella tierra; del delirio de las noches llenas de luciérnagas, del ruido silencioso, y de la paz de las estrellas en un cielo donde todavía brillan por las noches. La ternura era una caricia del aire, una respuesta a los sueños ingenuos que nos hacían reír ante el crepúsculo.


Todavía extraño el ardor furioso en las mejillas, la piel tostada que incendiaba los cuerpos, extraño la sonrisa franca de una tarde en abril y la espera de un apagón invernal que tarde o temprano será encendido por el fogón de la estufa; el chocolate caliente, la grasilla del caldo, o la masa de las tortillas. Aquella sensación de delinear las estaciones con la punta de los dedos.
La inocencia estaba en el calor, en el punto máximo de ebullición, que cocina las horas con aquella sonrisa de un pueblo incierto que no sabe de las prisas, en el que la pesadumbre inocente es estar lejos de todo aquello que pasan en la tele los domingos: la im- po- si- bi- li- dad.

Durante los días vacíos se me antoja el humo, me gustaría ver arder las piedras, hacer saltar chispas bajo mis pies. Hay noches que pretendo estar arriba de los techos, caminar los cables y tener tan sólo la percepción de que volar es posible, sin esa certeza de ahora.
La inocencia está en las promesas; en ver pasar el día, sabiendo que el sol volverá a ponerse. La inocencia está en algún lugar del cuerpo, en donde palpita todos los días la luz, de aquella lejana tierra.

27.02.17

No voy a herirte

No voy a herirte aunque quisiera. No voy a herirte aunque podría.  Todas esas balas de miedo, me las voy a sacar una a una del cuerpo.  No v...