lunes, 21 de octubre de 2019

Bendito día

Bendito el despertador, las ganas de quedarse en la cama, el impulso de supervivencia, las fuerzas para salir adelante.
Benditas distancias que se acortan, el desayuno a oscuras, los sueños que existen al estar despierto.
Bendita oración de los niños que piden, de las mujeres que construyen, de los hombres que creen.
Benditas las redes sociales, los mensajes, el plan de datos móviles, la lluvia instantánea...el mar contenido.

Bendito día donde mi única posibilidad era la esperanza.

Benditas las señales, el tiempo a favor, la desfachatez de cambiarse de ropa en cualquier lado, en un taxi, incluso.
Benditos retrasos que por algo existen, el cansancio, la fuerza de voluntad y las promesas que se cumplen.
Benditas las pruebas, los castings, el oficio, los dedos cruzados, las largas caminatas para hacer girar el mundo.
Bendita conexión de un hijo y su madre, las fondas de comida económica, las personas que te regalan una sonrisa.
Benditas las palabras, el ajo, el aguacate, el jitomate, las pláticas inesperadas.

Bendito día donde mi única posibilidad era la esperanza.


viernes, 19 de julio de 2019

Te recordé en la lluvia.

Tenía mucho tiempo que no me "pescaba" una lluvia tan intensa. Terminé de hacer una entrevista a las 6:00 de la tarde y justo al salir comenzaron a caer las primeras gotas.
Para llegar a mi casa debía cruzar la ciudad, estaba muy al norte, y ahora, por razones inexplicables, vivo en el sur. Decidí recorrer parte del trayecto en carro, la lluvía arreciaba contra las ventanas del uber y para pasar el tiempo publiqué una historia de Instagram; "Todo irá bien", escribí una de mis frases favoritas, una oración que he escrito antes en ventanas, en espejos y en papel, la cual me ha impulsado a salir antes de situaciones adversas. Cuando vives sólo y lejos de todos, es importante darse ánimos uno mismo, porque nadie más vendrá a hacerlo. Para algunos suena absurdo, incluso triste, pero cuando descubres que tienes esa capacidad de transformar, al menos los pequeños instantes, todo cobra sentido.
Decidí cortar mi viaje cerca de una estación del metro que quedaba a mitad del camino; seguía lloviendo a montones. Antes de irme a casa, quise parar a comer algo porque ese día salí de prisa y no alcancé a tomar más que medio paquete de galletas. No "moría" de hambre, pero si algo me ayuda a reconfortarme es la comida. Quizá sea mi único vicio, el único al que debo ponerle cuidado. Afortunadamente, he aprendido a llevarme bien con mis demonios, a ponerles límites, a crear trueques, a no dejar que me lastimen, no del todo. El food court de Parque Delta fue mi escape. Pero no dejaba de llover. Hubo un momento en que hundí mi cabeza sobre la mesa, porque cuando pienso en ti detesto tener ideas fatalistas, porque cuando te atraigo a mi mente en la distancia, me fastidia la idea de estar tan lejos, de no poder abrazarte en los momentos difíciles. Como eres magia, me enviaste un mensaje que me sacó una sonrisa, creo que del mismo modo que te pasó a ti. La vida tiene formas extrañas de manifestarse.
Caminé toda la plaza comercial con mi mochila a cuestas, subí hasta el tercer piso y bajé de nuevo, por los puertas transparentes se veía todavía la lluvia feroz. Salí incluso y me mojé la frente con el salpicar de las cornisas.
Pasaron tres horas y la lluvia bajó un poco, pero sin irse por completo, así que decidí caminar. Un poco de agua a veces puede traer mejores cosas de las que uno piensa. Caminé, bajé al metro, transbordé en mi estación, anduve tres más y por fin llegué a Mixcoac.
Como la lluvia no paraba corrí entre los charcos para refugiarme bajo los techos existentes y entonces te recordé en la lluvia.
Reviví un instante específico, que, por alguna razón que desconozco, siempre viene de mi infancia a mi mente. Es como si se me hubiera quedado grabado. Mi hermano, tú y yo corríamos después de un partido de fútbol de él. Nos había "pescado" una lluvia antes de regresar a casa. Así que corríamos de cornisa en cornisa y recuerdo sobre todos las risas de complicidad al llegar a una nueva.
Siempre que me acuerdo, me pregunto por qué recuerdo ese instante tan concreto. Habiendo tantos, es uno de los que no se borran.
Ya en casa, seco, con ropa limpia y con las gotas de lluvia todavía golpeando las ventanas, hablámos por teléfono y te conté de mi recuerdo, me dio gusto que tú también lo tenías presente, pues casi siempre olvidas los detalles. Supe que sí te acordabas porque me hablaste del contexto... y cuando colgamos entendí.

Te recordé en la lluvia porque pese a tu presunta fragilidad yo sabía que siempre me protegerías. Entendí que nunca ibas a dejar que nada malo me pasara. Entendí que la complicidad que debe existir en un equipo, debe ser suficiente para tomarse de las manos y correr al mismo tiempo para ponerse a salvo. Entendí que, pese a los diluvios o adversidades, siempre encontrarías la manera de hacerme reír. Gracias por ser magia.




jueves, 6 de junio de 2019

Una dosis de palabras

Cuando estoy muy triste sin saber por qué...
  Camino sobre mis manos para observar todo desde otra parte,
    me hago cosquillas en el paladar para reírme y acordarme que tengo paladar,
      pongo una canción triste y me imagino que alguien en el mundo muere de amor por mí,
        me veo al espejo para contemplar mi rostro, hago lo que un niño que juega a cualquier cosa haría,
          me hago una promesa absurda de conquistar el País e imagino que voy por ahí levantando una sola ceja.
  

Cuando la incetidumbre se apodera de mis pensamientos...
  Me alimento de nieve de vainilla hasta que se me pase,
    pongo una canción jotera y la canto frente al espejo del baño,
      me repito quinientas veces que todo estará bien, que todo estará bien,
         me voy a correr a los viveros, observo a las personas y abrazo los árboles,
            abro facebook y me enojo con el mundo para no enojarme conmigo mismo,
               veo fotos viejas, conversaciones viejas, cartas viejas hasta que todo termine en llanto,
                  me recuesto sobre el pasto y rezo por la gente que amo, por los sueños que espero, por mí.

Cuando estoy muy triste sin saber por qué, escribo.
Cuando la incertidumbre se apodera de mis pensamientos, pronuncio en voz alta.


           
       

No voy a herirte

No voy a herirte aunque quisiera. No voy a herirte aunque podría.  Todas esas balas de miedo, me las voy a sacar una a una del cuerpo.  No v...