Luciérnagas
jueves, 24 de febrero de 2022
No voy a herirte
lunes, 3 de mayo de 2021
Fuegos
miércoles, 16 de diciembre de 2020
Vamos a vencer todos los monstruos y también el polvo.
La noche es oscura pero todos duermen y nadie puede verla. Todos sueñan con la oscuridad y se ocultan en ella bajo su disfraz de pájaro. Yo me alzo como el búho, presiono los botones de mis ojos frente a cualquier destello y observo fijamente la oscuridad.
Me asusta, pero no voy a quebrarme porque mis huesos son de agua pero fuertes, tanto como la sangre. Palidezco, pero no voy a romperme porque tengo unidas mis partes por el calor de su aliento. Y de pronto ese calor me sorprende, inhunda el cuarto y la casa entera; es la luz de una vela o una estrella, todavía no lo tengo claro, pero me guía a tomar mi espada: voy a librarnos de todos los monstruos.
Y descubro que la noche no es tan oscura, o más bien, que la oscuridad es tibia y no me va a hacer daño. La oscuridad más profunda ha penetrado en mi pecho y esa oscuridad, la que parece irreversible, es sólo la que existe segundos antes de que la luz más brillante se expanda por el cielo, antes de que la vida surja a través del sol.
lunes, 21 de octubre de 2019
Bendito día
Benditas distancias que se acortan, el desayuno a oscuras, los sueños que existen al estar despierto.
Bendita oración de los niños que piden, de las mujeres que construyen, de los hombres que creen.
Benditas las redes sociales, los mensajes, el plan de datos móviles, la lluvia instantánea...el mar contenido.
Bendito día donde mi única posibilidad era la esperanza.
Benditas las señales, el tiempo a favor, la desfachatez de cambiarse de ropa en cualquier lado, en un taxi, incluso.
Benditos retrasos que por algo existen, el cansancio, la fuerza de voluntad y las promesas que se cumplen.
Benditas las pruebas, los castings, el oficio, los dedos cruzados, las largas caminatas para hacer girar el mundo.
Bendita conexión de un hijo y su madre, las fondas de comida económica, las personas que te regalan una sonrisa.
Benditas las palabras, el ajo, el aguacate, el jitomate, las pláticas inesperadas.
Bendito día donde mi única posibilidad era la esperanza.
viernes, 19 de julio de 2019
Te recordé en la lluvia.
Para llegar a mi casa debía cruzar la ciudad, estaba muy al norte, y ahora, por razones inexplicables, vivo en el sur. Decidí recorrer parte del trayecto en carro, la lluvía arreciaba contra las ventanas del uber y para pasar el tiempo publiqué una historia de Instagram; "Todo irá bien", escribí una de mis frases favoritas, una oración que he escrito antes en ventanas, en espejos y en papel, la cual me ha impulsado a salir antes de situaciones adversas. Cuando vives sólo y lejos de todos, es importante darse ánimos uno mismo, porque nadie más vendrá a hacerlo. Para algunos suena absurdo, incluso triste, pero cuando descubres que tienes esa capacidad de transformar, al menos los pequeños instantes, todo cobra sentido.
Decidí cortar mi viaje cerca de una estación del metro que quedaba a mitad del camino; seguía lloviendo a montones. Antes de irme a casa, quise parar a comer algo porque ese día salí de prisa y no alcancé a tomar más que medio paquete de galletas. No "moría" de hambre, pero si algo me ayuda a reconfortarme es la comida. Quizá sea mi único vicio, el único al que debo ponerle cuidado. Afortunadamente, he aprendido a llevarme bien con mis demonios, a ponerles límites, a crear trueques, a no dejar que me lastimen, no del todo. El food court de Parque Delta fue mi escape. Pero no dejaba de llover. Hubo un momento en que hundí mi cabeza sobre la mesa, porque cuando pienso en ti detesto tener ideas fatalistas, porque cuando te atraigo a mi mente en la distancia, me fastidia la idea de estar tan lejos, de no poder abrazarte en los momentos difíciles. Como eres magia, me enviaste un mensaje que me sacó una sonrisa, creo que del mismo modo que te pasó a ti. La vida tiene formas extrañas de manifestarse.
Caminé toda la plaza comercial con mi mochila a cuestas, subí hasta el tercer piso y bajé de nuevo, por los puertas transparentes se veía todavía la lluvia feroz. Salí incluso y me mojé la frente con el salpicar de las cornisas.
Pasaron tres horas y la lluvia bajó un poco, pero sin irse por completo, así que decidí caminar. Un poco de agua a veces puede traer mejores cosas de las que uno piensa. Caminé, bajé al metro, transbordé en mi estación, anduve tres más y por fin llegué a Mixcoac.
Como la lluvia no paraba corrí entre los charcos para refugiarme bajo los techos existentes y entonces te recordé en la lluvia.
Reviví un instante específico, que, por alguna razón que desconozco, siempre viene de mi infancia a mi mente. Es como si se me hubiera quedado grabado. Mi hermano, tú y yo corríamos después de un partido de fútbol de él. Nos había "pescado" una lluvia antes de regresar a casa. Así que corríamos de cornisa en cornisa y recuerdo sobre todos las risas de complicidad al llegar a una nueva.
Siempre que me acuerdo, me pregunto por qué recuerdo ese instante tan concreto. Habiendo tantos, es uno de los que no se borran.
Ya en casa, seco, con ropa limpia y con las gotas de lluvia todavía golpeando las ventanas, hablámos por teléfono y te conté de mi recuerdo, me dio gusto que tú también lo tenías presente, pues casi siempre olvidas los detalles. Supe que sí te acordabas porque me hablaste del contexto... y cuando colgamos entendí.
Te recordé en la lluvia porque pese a tu presunta fragilidad yo sabía que siempre me protegerías. Entendí que nunca ibas a dejar que nada malo me pasara. Entendí que la complicidad que debe existir en un equipo, debe ser suficiente para tomarse de las manos y correr al mismo tiempo para ponerse a salvo. Entendí que, pese a los diluvios o adversidades, siempre encontrarías la manera de hacerme reír. Gracias por ser magia.
jueves, 6 de junio de 2019
Una dosis de palabras
Camino sobre mis manos para observar todo desde otra parte,
me hago cosquillas en el paladar para reírme y acordarme que tengo paladar,
pongo una canción triste y me imagino que alguien en el mundo muere de amor por mí,
me veo al espejo para contemplar mi rostro, hago lo que un niño que juega a cualquier cosa haría,
me hago una promesa absurda de conquistar el País e imagino que voy por ahí levantando una sola ceja.
Cuando la incetidumbre se apodera de mis pensamientos...
Me alimento de nieve de vainilla hasta que se me pase,
pongo una canción jotera y la canto frente al espejo del baño,
me repito quinientas veces que todo estará bien, que todo estará bien,
me voy a correr a los viveros, observo a las personas y abrazo los árboles,
abro facebook y me enojo con el mundo para no enojarme conmigo mismo,
veo fotos viejas, conversaciones viejas, cartas viejas hasta que todo termine en llanto,
me recuesto sobre el pasto y rezo por la gente que amo, por los sueños que espero, por mí.
Cuando estoy muy triste sin saber por qué, escribo.
Cuando la incertidumbre se apodera de mis pensamientos, pronuncio en voz alta.
domingo, 21 de octubre de 2018
Borrar la fantasía
¿Cuántas palabras son reales y cuántas apropiadas?
¿Cuál es el número correcto para marcarle al vacío?
¿Cuál el usuario de twitter para textearme con los fantasmas?
Ellos juegan con mi imaginación al borde de la risa.
Son sombras que escriben historias en mi cuerpo por las noches,
son almas viejas que me cuidan para crear su bestseller; todo juego cuenta,
un tocadiscos, el amanecer, o unos labios para los que no me alcanza.
Todo va bien hasta que me agotan y quieren seguir jugando,
busco un motivo latente para enfadarlos pero se esconden.
Vuelven, siempre vuelven cada noche, para darme sueños imposibles;
me cuidan con sus murmullos y yo decido ir como toro de nuevo al ruedo.
-Tengan todas mis palabras y sueños, señor y señora fantasma,
creo que la lista interminable no me deja ver bien-.
Y si tan sólo desapareciera la posibilidad de su piel brillante,
y si tan sólo la fantasía fuera borrada de tajo sobre mi piel.
miércoles, 27 de junio de 2018
sábado, 31 de marzo de 2018
Todo el mundo puede desaparecer en el desierto
PABLO: Hay una barca en medio de todo esto, puedo verla desde aquí.
EDEL: Pero es el desierto, Pablo.
PABLO: Aún así, las barcas son un medio...
EDEL: Uno inútil en este caso, es imposible volver al pasado.
PABLO: Esto es un desierto
EDEL: Es nuestro presente.
PABLO: Se olvidarán de nosotros
EDEL: ¿Quienes?
PABLO: Nuestros amigos. Mi mujer.
EDEL: Ya no tenías mujer, Pablo. Ni amigos.
PABLO: Pero al menos me recordaban, sabían que yo existía. Ayúdame a mover la barca.
EDEL: No puedo. No me interesa.
PABLO: ¿Vas a dejar que todo se pierda?
EDEL: Se va a perder lo que de todas formas se tenía que perder. Al otro lado del desierto, en alguna parte hay un oasis. Eso es lo que voy a buscar. No una barca que me lleve al pasado, no a un sitio donde nadie me espera.
PABLO: ¿Cómo sabes que nadie te espera?
EDEL: Cuando alguien te espera se nota, lo sientes en el aire que entra y se acumula en medio del pecho.
PABLO: Yo no quería que me olvidaran.
EDEL: Siempre te dije que te cuidaras de pensar esas cosas.
PABLO: Lo sé.
EDEL: Sería por un rato.
PABLO: Lo sé, pero se sentía bien.
EDEL: Es pasajero, las personas hacen esas cosas a veces, te hacen sentir inolvidable.
PABLO: (Sin reparar en las respuestas de Edel) ¿Qué no era esa mi barca?
EDEL: Sí
PABLO: Comienzo a recordar.
EDEL: No tienes que...
PABLO: Cuando llegamos aquí, la barca ya estaba casi vacía, sólo éramos tu y yo.
EDEL: Todos tenían diferentes...
PABLO: Caminos que caminar. Me fueron olvidando antes de que pudiera darme cuenta.
EDEL: No te han olvidado.
PABLO: ¿Y por qué no llegaron hasta aquí?
EDEL: Porque se quedan quienes se tienen que quedar.
PABLO: ...Tengo sed.
EDEL: Tranquilo, toma un poco que todavía queda.
PABLO: ¿Y si no encontramos nunca el oasis?
EDEL: Dará igual. Nadie más que tú y yo lo sabíamos.
PABLO: ¿Hay agua en el oasis?
EDEL: Mucha, al parecer...
viernes, 14 de julio de 2017
¿Cómo se dice cuando no ves bien porque te pega el sol en la cara?
lunes, 20 de marzo de 2017
Tierra de luz
La inocencia estaba en el calor, en el punto máximo de ebullición, que cocina las horas con aquella sonrisa de un pueblo incierto que no sabe de las prisas, en el que la pesadumbre inocente es estar lejos de todo aquello que pasan en la tele los domingos: la im- po- si- bi- li- dad.
La inocencia está en las promesas; en ver pasar el día, sabiendo que el sol volverá a ponerse. La inocencia está en algún lugar del cuerpo, en donde palpita todos los días la luz, de aquella lejana tierra.
No voy a herirte
No voy a herirte aunque quisiera. No voy a herirte aunque podría. Todas esas balas de miedo, me las voy a sacar una a una del cuerpo. No v...