jueves, 24 de febrero de 2022

No voy a herirte

No voy a herirte aunque quisiera. No voy a herirte aunque podría. 
Todas esas balas de miedo, me las voy a sacar una a una del cuerpo. 
No voy a herirte porque ya ha de ser suficiente amar sin amar. 
Todas esas balas de miedo no me mataron. Mañana, o quizá pasado mañana, me voy a levantar. 

lunes, 3 de mayo de 2021

Fuegos

Avanzo sin saber a dónde. Avanzo, eso lo sé.
Hace tiempo que mis pasos son una reacción inmediata; 
desactivar las minas, una a una. Si alguna explota, resiste. 

Soy un pájaro herido que no sabe si prefiere el ruido o el silencio. 
Vuelo sin saber bien a dónde. Me consumo como el fuego y luego nace de mí el sol. 

Soy, porque sigo siendo, porque no dejo de ser este que he sido siempre. Extiendo los brazos... 
las alas.
 
Escribo en mi imaginación un poema que abraza tu vuelo, que te apaga todos los fuegos. 
Escribo para que el mundo se detenga una vida y pueda abrazarte una eternidad.





miércoles, 16 de diciembre de 2020

Vamos a vencer todos los monstruos y también el polvo.

La noche es oscura pero todos duermen y nadie puede verla. Todos sueñan con la oscuridad y se ocultan en ella bajo su disfraz de pájaro. Yo me alzo como el búho, presiono los botones de mis ojos frente a cualquier destello y observo fijamente la oscuridad. 

Me asusta, pero no voy a quebrarme porque mis huesos son de agua pero fuertes, tanto como la sangre. Palidezco, pero no voy a romperme porque tengo unidas mis partes por el calor de su aliento. Y de pronto ese calor me sorprende, inhunda el cuarto y la casa entera; es la luz de una vela o una estrella, todavía no lo tengo claro, pero me guía a tomar mi espada: voy a librarnos de todos los monstruos. 

Y descubro que la noche no es tan oscura, o más bien, que la oscuridad es tibia y no me va a hacer daño. La oscuridad más profunda ha penetrado en mi pecho y esa oscuridad, la que parece irreversible, es sólo la que existe segundos antes de que la luz más brillante se expanda por el cielo, antes de que la vida surja a través del sol. 




lunes, 21 de octubre de 2019

Bendito día

Bendito el despertador, las ganas de quedarse en la cama, el impulso de supervivencia, las fuerzas para salir adelante.
Benditas distancias que se acortan, el desayuno a oscuras, los sueños que existen al estar despierto.
Bendita oración de los niños que piden, de las mujeres que construyen, de los hombres que creen.
Benditas las redes sociales, los mensajes, el plan de datos móviles, la lluvia instantánea...el mar contenido.

Bendito día donde mi única posibilidad era la esperanza.

Benditas las señales, el tiempo a favor, la desfachatez de cambiarse de ropa en cualquier lado, en un taxi, incluso.
Benditos retrasos que por algo existen, el cansancio, la fuerza de voluntad y las promesas que se cumplen.
Benditas las pruebas, los castings, el oficio, los dedos cruzados, las largas caminatas para hacer girar el mundo.
Bendita conexión de un hijo y su madre, las fondas de comida económica, las personas que te regalan una sonrisa.
Benditas las palabras, el ajo, el aguacate, el jitomate, las pláticas inesperadas.

Bendito día donde mi única posibilidad era la esperanza.


viernes, 19 de julio de 2019

Te recordé en la lluvia.

Tenía mucho tiempo que no me "pescaba" una lluvia tan intensa. Terminé de hacer una entrevista a las 6:00 de la tarde y justo al salir comenzaron a caer las primeras gotas.
Para llegar a mi casa debía cruzar la ciudad, estaba muy al norte, y ahora, por razones inexplicables, vivo en el sur. Decidí recorrer parte del trayecto en carro, la lluvía arreciaba contra las ventanas del uber y para pasar el tiempo publiqué una historia de Instagram; "Todo irá bien", escribí una de mis frases favoritas, una oración que he escrito antes en ventanas, en espejos y en papel, la cual me ha impulsado a salir antes de situaciones adversas. Cuando vives sólo y lejos de todos, es importante darse ánimos uno mismo, porque nadie más vendrá a hacerlo. Para algunos suena absurdo, incluso triste, pero cuando descubres que tienes esa capacidad de transformar, al menos los pequeños instantes, todo cobra sentido.
Decidí cortar mi viaje cerca de una estación del metro que quedaba a mitad del camino; seguía lloviendo a montones. Antes de irme a casa, quise parar a comer algo porque ese día salí de prisa y no alcancé a tomar más que medio paquete de galletas. No "moría" de hambre, pero si algo me ayuda a reconfortarme es la comida. Quizá sea mi único vicio, el único al que debo ponerle cuidado. Afortunadamente, he aprendido a llevarme bien con mis demonios, a ponerles límites, a crear trueques, a no dejar que me lastimen, no del todo. El food court de Parque Delta fue mi escape. Pero no dejaba de llover. Hubo un momento en que hundí mi cabeza sobre la mesa, porque cuando pienso en ti detesto tener ideas fatalistas, porque cuando te atraigo a mi mente en la distancia, me fastidia la idea de estar tan lejos, de no poder abrazarte en los momentos difíciles. Como eres magia, me enviaste un mensaje que me sacó una sonrisa, creo que del mismo modo que te pasó a ti. La vida tiene formas extrañas de manifestarse.
Caminé toda la plaza comercial con mi mochila a cuestas, subí hasta el tercer piso y bajé de nuevo, por los puertas transparentes se veía todavía la lluvia feroz. Salí incluso y me mojé la frente con el salpicar de las cornisas.
Pasaron tres horas y la lluvia bajó un poco, pero sin irse por completo, así que decidí caminar. Un poco de agua a veces puede traer mejores cosas de las que uno piensa. Caminé, bajé al metro, transbordé en mi estación, anduve tres más y por fin llegué a Mixcoac.
Como la lluvia no paraba corrí entre los charcos para refugiarme bajo los techos existentes y entonces te recordé en la lluvia.
Reviví un instante específico, que, por alguna razón que desconozco, siempre viene de mi infancia a mi mente. Es como si se me hubiera quedado grabado. Mi hermano, tú y yo corríamos después de un partido de fútbol de él. Nos había "pescado" una lluvia antes de regresar a casa. Así que corríamos de cornisa en cornisa y recuerdo sobre todos las risas de complicidad al llegar a una nueva.
Siempre que me acuerdo, me pregunto por qué recuerdo ese instante tan concreto. Habiendo tantos, es uno de los que no se borran.
Ya en casa, seco, con ropa limpia y con las gotas de lluvia todavía golpeando las ventanas, hablámos por teléfono y te conté de mi recuerdo, me dio gusto que tú también lo tenías presente, pues casi siempre olvidas los detalles. Supe que sí te acordabas porque me hablaste del contexto... y cuando colgamos entendí.

Te recordé en la lluvia porque pese a tu presunta fragilidad yo sabía que siempre me protegerías. Entendí que nunca ibas a dejar que nada malo me pasara. Entendí que la complicidad que debe existir en un equipo, debe ser suficiente para tomarse de las manos y correr al mismo tiempo para ponerse a salvo. Entendí que, pese a los diluvios o adversidades, siempre encontrarías la manera de hacerme reír. Gracias por ser magia.




jueves, 6 de junio de 2019

Una dosis de palabras

Cuando estoy muy triste sin saber por qué...
  Camino sobre mis manos para observar todo desde otra parte,
    me hago cosquillas en el paladar para reírme y acordarme que tengo paladar,
      pongo una canción triste y me imagino que alguien en el mundo muere de amor por mí,
        me veo al espejo para contemplar mi rostro, hago lo que un niño que juega a cualquier cosa haría,
          me hago una promesa absurda de conquistar el País e imagino que voy por ahí levantando una sola ceja.
  

Cuando la incetidumbre se apodera de mis pensamientos...
  Me alimento de nieve de vainilla hasta que se me pase,
    pongo una canción jotera y la canto frente al espejo del baño,
      me repito quinientas veces que todo estará bien, que todo estará bien,
         me voy a correr a los viveros, observo a las personas y abrazo los árboles,
            abro facebook y me enojo con el mundo para no enojarme conmigo mismo,
               veo fotos viejas, conversaciones viejas, cartas viejas hasta que todo termine en llanto,
                  me recuesto sobre el pasto y rezo por la gente que amo, por los sueños que espero, por mí.

Cuando estoy muy triste sin saber por qué, escribo.
Cuando la incertidumbre se apodera de mis pensamientos, pronuncio en voz alta.


           
       

domingo, 21 de octubre de 2018

Borrar la fantasía

¿Cuánto llevo en el corazón que es inventado?
¿Cuántas palabras son reales y cuántas apropiadas?
¿Cuál es el número correcto para marcarle al vacío?
¿Cuál el usuario de twitter para textearme con los fantasmas?

Ellos juegan con mi imaginación al borde de la risa.
Son sombras que escriben historias en mi cuerpo por las noches,
son almas viejas que me cuidan para crear su bestseller; todo juego cuenta,
un tocadiscos, el amanecer, o unos labios para los que no me alcanza.

Todo va bien hasta que me agotan y quieren seguir jugando,
busco un motivo latente para enfadarlos pero se esconden.
Vuelven, siempre vuelven cada noche, para darme sueños imposibles;
me cuidan con sus murmullos y yo decido ir como toro de nuevo al ruedo.

-Tengan todas mis palabras y sueños, señor y señora fantasma,
creo que la lista interminable no me deja ver bien-.
Y si tan sólo desapareciera la posibilidad de su piel brillante,
y si tan sólo la fantasía fuera borrada de tajo sobre mi piel.



miércoles, 27 de junio de 2018


TÚ, CON TU PROPIA MICROSCÓPICA MISIÓN
Hace días me preguntaba en qué momento comenzó a parecerme una exhibición, lo que de más joven me permitía sentirme más vivo; la capacidad de contar, de comunicar las ideas y los pensamientos de manera arrebatada, de ser instintivo y algo insensato y tomar el teclado o las hojas de papel y decir, decir de forma compartida y pública, con signos de puntuación y sin pensarlo tanto... dejar de temer.
Por supuesto que con el tiempo me ha quedado claro que algunas opiniones valen más si las guardamos.  Ahorrárselas es mejor porque más que convertirse en un vehículo, se pueden atascar en un bache como llanta de un carro viejo y humeante.
Sin embargo, en esta ocasión me ha movido una necesidad, un deseo trabado (y extraviado) que me hace reconocerme como un iluso sin remedio, un hombre a la mitad del mundo y de todo, dividido por nacimiento y convicción, que agradece a los planetas por su curso y por permitirme tener mi microscópica misión en el mío.
Ya sé, lo digo por conocimiento de causa, que a veces se piensa que estoy perdido. Habrá quien afirme incluso que no sé ni dónde estoy parado. Pero de verdad cada día siento más que puedo entender; no sé si el mundo, pero sí la vida. Lo efímero de los momentos, además de lo eterno de las personas; la relatividad de los instantes y los recuerdos, sin olvidar lo contundente de aquello que se nos agolpa en medio del pecho y la consciencia.
¿De qué se trata todo esto?...
De que me gusta pensar que la trayectoria que vamos trazando podría conectarse en un mapa de rostros, pieles, palabras, momentos, sensaciones, sonidos y olores que vamos recolectando a lo largo de nuestra vida.
De que me gusta saber que muchas veces estamos “atrapados” en los recuerdos no por angustia, sino porque haber vivido algo lo vuelve parte de nuestro discurso íntimo, de una deseable transformación y de las cosas increíbles que podemos hacer por nosotros mismos y los demás, aunque no nos creamos capaces.
De que es un gran privilegio saber que estuviste ahí en ese momento, quizá sin contárselo a nadie. Que te miraste en los ojos de esa otra persona, quizá sin escribirlo en la pared. Que tomaste esa foto en la calle porque te daba nostalgia, quizá sin publicarla en Facebook.
De que agradezco que, en este viaje constante, me he podido encontrar con personajes increíbles, que, hasta los más incidentales, tienen un recuerdo vivo en mi memoria. ¿Qué sería del ser humano sin poder compartir los demonios y fracasos del otro? ¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos llorar de felicidad al ver brillar a las personas que se nos han cruzado por enfrente? ¿Sin cerrar y abrir ciclos? ¿Sin ver milagros a diario?
Quizá últimamente las redes sociales y su flujo excesivo de opiniones llegan a mi cerebro como una avalancha de dualidades; de amor- odio, de vicio y asqueo, de curiosidad y desilusión, y es por eso que algo tan vital para mí, pudo haberse inhibido con los años.
No lo sé.
Lo que sí es verdad, es que hoy, pese a todos los pronósticos, pese a que afuera haya voces que me hagan perder la confianza en el mundo (y en mí mismo), pese a que a veces pensamos que todo está perdido, pese a que yo, que soy una persona que escribe, teme a veces de qué pueda pensar el otro que lee o escucha; yo precisamente hoy, siento la necesidad de agradecer por ti.
Por ti que agarras estas líneas desde alguna parte. Y quizá alguna vez, tú, con tu propia microscópica misión, con tu mapa de recuerdos y deseos, con tu inventario de secretos culposos y sonrisas misteriosas, te cruzaste o cruzarás en mi camino.
 

sábado, 31 de marzo de 2018

Todo el mundo puede desaparecer en el desierto

EDEL: Pablo, no hay manera de volver.
PABLO: Hay una barca en medio de todo esto, puedo verla desde aquí.
EDEL: Pero es el desierto, Pablo.
PABLO: Aún así, las barcas son un medio...
EDEL: Uno inútil en este caso, es imposible volver al pasado.
PABLO: Esto es un desierto
EDEL: Es nuestro presente.
PABLO: Se olvidarán de nosotros
EDEL: ¿Quienes?
PABLO: Nuestros amigos. Mi mujer.
EDEL: Ya no tenías mujer, Pablo. Ni amigos.
PABLO: Pero al menos me recordaban, sabían que yo existía. Ayúdame a mover la barca.
EDEL: No puedo. No me interesa.
PABLO: ¿Vas a dejar que todo se pierda?
EDEL: Se va a perder lo que de todas formas se tenía que perder. Al otro lado del desierto, en alguna parte hay un oasis. Eso es lo que voy a buscar. No una barca que me lleve al pasado, no a un sitio donde nadie me espera.
PABLO: ¿Cómo sabes que nadie te espera?
EDEL: Cuando alguien te espera se nota, lo sientes en el aire que entra y se acumula en medio del pecho.
PABLO: Yo no quería que me olvidaran.
EDEL: Siempre te dije que te cuidaras de pensar esas cosas.
PABLO: Lo sé.
EDEL: Sería por un rato.
PABLO: Lo sé, pero se sentía bien.
EDEL: Es pasajero, las personas hacen esas cosas a veces, te hacen sentir inolvidable.
PABLO: (Sin reparar en las respuestas de Edel) ¿Qué no era esa mi barca?
EDEL: Sí
PABLO: Comienzo a recordar.
EDEL: No tienes que...
PABLO: Cuando llegamos aquí, la barca ya estaba casi vacía, sólo éramos tu y yo.
EDEL: Todos tenían diferentes...
PABLO: Caminos que caminar. Me fueron olvidando antes de que pudiera darme cuenta.
EDEL: No te han olvidado.
PABLO: ¿Y por qué no llegaron hasta aquí?
EDEL: Porque se quedan quienes se tienen que quedar.
PABLO: ...Tengo sed.
EDEL: Tranquilo, toma un poco que todavía queda.
PABLO: ¿Y si no encontramos nunca el oasis?
EDEL: Dará igual. Nadie más que tú y yo lo sabíamos.
PABLO: ¿Hay agua en el oasis?
EDEL: Mucha, al parecer...


viernes, 14 de julio de 2017

¿Cómo se dice cuando no ves bien porque te pega el sol en la cara?

He caído en el sueño en que caen solo aquellos que ponen sus ojos en la parte más brillante del sol. 
He creído en lo imposible porque a veces es más fuerte la oportunidad de la magia que la razón. 
Tú no existes, o quizá lo haces porque respiras, pero no en mi planeta;
tu planeta tiene árboles dorados mientras que el mío se empapa en jugos color naranja. 
He creído verte en una hoja de papel, en un espejo roto,
he creído escucharte en mi propia risa y hasta en el silencio de la noche. 
Yo soy un niño obstinado que no se ha querido ir a dormir. Que no sabe que le han crecido las barbas. 
Tú eres la luna de un cuento para dormir, porque brillas entre las cortinas y brillas entre las canciones...
                    allá, en tu planeta.





lunes, 20 de marzo de 2017

Tierra de luz

La inocencia estaba en el sol, en los cuerpos que una mañana amanecieron alargados sin notarlo. En las playeras de algodón sudadas, en sus rostros húmedos y en el verano infinito que no acepta treguas. 
La inocencia era de aquella tierra; del delirio de las noches llenas de luciérnagas, del ruido silencioso, y de la paz de las estrellas en un cielo donde todavía brillan por las noches. La ternura era una caricia del aire, una respuesta a los sueños ingenuos que nos hacían reír ante el crepúsculo.


Todavía extraño el ardor furioso en las mejillas, la piel tostada que incendiaba los cuerpos, extraño la sonrisa franca de una tarde en abril y la espera de un apagón invernal que tarde o temprano será encendido por el fogón de la estufa; el chocolate caliente, la grasilla del caldo, o la masa de las tortillas. Aquella sensación de delinear las estaciones con la punta de los dedos.
La inocencia estaba en el calor, en el punto máximo de ebullición, que cocina las horas con aquella sonrisa de un pueblo incierto que no sabe de las prisas, en el que la pesadumbre inocente es estar lejos de todo aquello que pasan en la tele los domingos: la im- po- si- bi- li- dad.

Durante los días vacíos se me antoja el humo, me gustaría ver arder las piedras, hacer saltar chispas bajo mis pies. Hay noches que pretendo estar arriba de los techos, caminar los cables y tener tan sólo la percepción de que volar es posible, sin esa certeza de ahora.
La inocencia está en las promesas; en ver pasar el día, sabiendo que el sol volverá a ponerse. La inocencia está en algún lugar del cuerpo, en donde palpita todos los días la luz, de aquella lejana tierra.

27.02.17

No voy a herirte

No voy a herirte aunque quisiera. No voy a herirte aunque podría.  Todas esas balas de miedo, me las voy a sacar una a una del cuerpo.  No v...