Tenía mucho tiempo que no me "pescaba" una lluvia tan intensa. Terminé de hacer una entrevista a las 6:00 de la tarde y justo al salir comenzaron a caer las primeras gotas.
Para llegar a mi casa debía cruzar la ciudad, estaba muy al norte, y ahora, por razones inexplicables, vivo en el sur. Decidí recorrer parte del trayecto en carro, la lluvía arreciaba contra las ventanas del uber y para pasar el tiempo publiqué una historia de Instagram; "Todo irá bien", escribí una de mis frases favoritas, una oración que he escrito antes en ventanas, en espejos y en papel, la cual me ha impulsado a salir antes de situaciones adversas. Cuando vives sólo y lejos de todos, es importante darse ánimos uno mismo, porque nadie más vendrá a hacerlo. Para algunos suena absurdo, incluso triste, pero cuando descubres que tienes esa capacidad de transformar, al menos los pequeños instantes, todo cobra sentido.
Decidí cortar mi viaje cerca de una estación del metro que quedaba a mitad del camino; seguía lloviendo a montones. Antes de irme a casa, quise parar a comer algo porque ese día salí de prisa y no alcancé a tomar más que medio paquete de galletas. No "moría" de hambre, pero si algo me ayuda a reconfortarme es la comida. Quizá sea mi único vicio, el único al que debo ponerle cuidado. Afortunadamente, he aprendido a llevarme bien con mis demonios, a ponerles límites, a crear trueques, a no dejar que me lastimen, no del todo. El food court de Parque Delta fue mi escape. Pero no dejaba de llover. Hubo un momento en que hundí mi cabeza sobre la mesa, porque cuando pienso en ti detesto tener ideas fatalistas, porque cuando te atraigo a mi mente en la distancia, me fastidia la idea de estar tan lejos, de no poder abrazarte en los momentos difíciles. Como eres magia, me enviaste un mensaje que me sacó una sonrisa, creo que del mismo modo que te pasó a ti. La vida tiene formas extrañas de manifestarse.
Caminé toda la plaza comercial con mi mochila a cuestas, subí hasta el tercer piso y bajé de nuevo, por los puertas transparentes se veía todavía la lluvia feroz. Salí incluso y me mojé la frente con el salpicar de las cornisas.
Pasaron tres horas y la lluvia bajó un poco, pero sin irse por completo, así que decidí caminar. Un poco de agua a veces puede traer mejores cosas de las que uno piensa. Caminé, bajé al metro, transbordé en mi estación, anduve tres más y por fin llegué a Mixcoac.
Como la lluvia no paraba corrí entre los charcos para refugiarme bajo los techos existentes y entonces te recordé en la lluvia.
Reviví un instante específico, que, por alguna razón que desconozco, siempre viene de mi infancia a mi mente. Es como si se me hubiera quedado grabado. Mi hermano, tú y yo corríamos después de un partido de fútbol de él. Nos había "pescado" una lluvia antes de regresar a casa. Así que corríamos de cornisa en cornisa y recuerdo sobre todos las risas de complicidad al llegar a una nueva.
Siempre que me acuerdo, me pregunto por qué recuerdo ese instante tan concreto. Habiendo tantos, es uno de los que no se borran.
Ya en casa, seco, con ropa limpia y con las gotas de lluvia todavía golpeando las ventanas, hablámos por teléfono y te conté de mi recuerdo, me dio gusto que tú también lo tenías presente, pues casi siempre olvidas los detalles. Supe que sí te acordabas porque me hablaste del contexto... y cuando colgamos entendí.
Te recordé en la lluvia porque pese a tu presunta fragilidad yo sabía que siempre me protegerías. Entendí que nunca ibas a dejar que nada malo me pasara. Entendí que la complicidad que debe existir en un equipo, debe ser suficiente para tomarse de las manos y correr al mismo tiempo para ponerse a salvo. Entendí que, pese a los diluvios o adversidades, siempre encontrarías la manera de hacerme reír. Gracias por ser magia.
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